Hi-res no es necesario

14 de mayo de 2017

No importa cuánto nos insistan, no importa cuántas etiquetas llamativas le pongan a los dispositivos, ni cuántas cifras abultadas nos arrojen en las especificaciones de los archivos de audio. La promesa del audio de alta resolución, en la mayoría de los casos, no es más que eso: una promesa.

Nos quieren convencer de que hay algo mejor, de que podemos escuchar más, de que necesitamos más, aunque nuestro oído no puede traducir nada de todo eso que nos ofrecen, al menos no en su mayoría.

Mi fiebre por el Hi-res

Hace años caí en esa trampa. Me dejé llevar por la fiebre del Hi-res, pensando que la diferencia entre un archivo de audio estándar y uno de alta resolución era equivalente a la diferencia entre una imagen en SD y una en 4K.

Me compré un montón de discos en formatos supuestamente superiores, gasté una fortuna en DAC, en amplificadores, en auriculares que prometían revelar detalles que hasta entonces me habían sido inaccesibles. Y entonces hice la prueba.

La prueba ABX: la dura realidad

Al tener todos los equipos disponibles, me dediqué a hacer una sencilla prueba ABX. En otras palabras, una prueba ABX es un test a ciegas en el que se comparan dos archivos de audio para determinar si realmente se puede percibir una diferencia.

Puse todo mi entusiasmo en ello, pensando que mi oído educado y mi equipo de gama alta me permitirían identificar sin dudas el archivo en alta resolución. Pero no fue así.

No fui capaz de distinguir entre un archivo de 16 bits y uno de 24 bits, entre uno con una frecuencia de muestreo de 44.1 kHz y otro de 96 kHz. La diferencia que había creído percibir antes no era más que un efecto placebo. La experiencia de un mp3 a un CD fue muy distinta, porque aquí sí que se aprecia la diferencia, pero con dos archivos de alta calidad, incluso si hay una diferencia de muestreo considerable sobre el papel, el la práctica no se traduce como algo perceptible, al menos no para mí.

Los límites del oído humano

¿Cómo es posible que no pueda percibirla diferencia de los 16 a los 24 bits? La respuesta es simple: el Hi-res en realidad no es necesario.

Nuestro oído tiene un límite, y ese límite se encuentra muy por debajo de las cifras estratosféricas que la industria del audio anuncia con tanto entusiasmo. El rango auditivo humano va de los 20 Hz a los 20 kHz en condiciones ideales, pero en la práctica, la mayoría de los adultos no pueden escuchar por encima de los 15 kHz.

Entonces, ¿qué sentido tiene una frecuencia de muestreo que nos permite captar hasta 48 kHz, 96 kHz o más? Ninguno, salvo que seas un murciélago.

Lo mismo ocurre con la profundidad de bits. El audio de 16 bits ya proporciona una relación señal-ruido de 96 dB, lo que significa que, a niveles de escucha normales, el ruido de cuantificación es prácticamente inexistente.

Aumentar a 24 bits nos da 144 dB de rango dinámico, lo cual podría ser útil si planeas escuchar música en un entorno más ruidoso que el motor de un avión a reacción. Pero en la vida real, la música que consumimos rara vez tiene un rango dinámico tan amplio. Tal vez ciertas piezas de música clásica pueden llegar a esos rangos, pero tampoco sería práctico, porque ni siquiera es saludable escuchar sonidos por encima de 80 dB de forma sostenida, ni por encima de 100 dB aunque sea de forma momentánea. De modo que, aunque una pronfundidad de bits nos da una ventaja técnica medible y objetivamente superior, lo cierto es que en la práctica no sirve de mucho.

De hecho, la mayoría de las producciones modernas están tan comprimidas que su rango dinámico difícilmente supera los 10 dB, es decir, que el sonido más débil y el más fuerte en todo el disco apenas supera los 10 dB de diferencia, frente al margen de más de 100 dB que habíamos comentado.

La trampa de la industria

Pero entonces, si no hay diferencias audibles, ¿por qué seguimos viendo productos que prometen un audio de resolución superior?

Porque la industria del audio ha encontrado una nueva forma de vendernos lo mismo otra vez. Nos convencieron de que el vinilo era insuficiente para vendernos el CD.

Luego nos dijeron que el CD era insuficiente para vendernos el SACD.

Después vinieron otros formatos como el DVD Audio y algunos más.

Después se calmaron un poco con el tema de la piratería. Pero en cuanto todo se estabilizó volvieron a la carga con las descargas en alta resolución.

Ahora nos dicen que la alta resolución no es suficiente y nos venden archivos en formatos aún más grandes y con especificaciones aún más absurdas.

En el fondo, lo que buscan no es mejorar nuestra experiencia auditiva, sino asegurarse de que volvamos a comprar toda nuestra colección musical una vez más. Sucede lo mismo con el cine y con otras muchas cosas.

Lo que sí importa: la masterización

Sin embargo, hay algo que sí marca la diferencia, y no tiene nada que ver con la resolución del archivo.

La forma en que se masteriza una grabación es, con mucho, el factor más importante en la calidad del audio que percibimos.

Una mala masterización en alta resolución seguirá siendo una mala grabación, mientras que una buena masterización en 16 bits y 44.1 kHz puede sonar espectacular.

La industria lo sabe, pero no lo dice, porque lo que les interesa no es que disfrutemos más de la música, sino que sigamos gastando en ella.

Conclusión: ¿escuchamos o queremos creer?

Es hora de ser honestos con nosotros mismos. ¿Realmente escuchamos una diferencia o solo queremos creer que la escuchamos?

En mi caso, después de mi experiencia he llegado a la conclusión de qu e44,1 Khz y 16 bits es más que suficiente para disfrutar de una experiencia musical excepcional. Es decir, el viejo CD es más que suficiente. Con ello he ahorrado mucho dinero y sobre todo, me liberé de la obsesión por perseguir la ilusión de una resolución superior que tal vez nunca pueda escuchar.

Si crees que puedes notar la diferencia, haz la prueba tú mismo.

Escoge un archivo en calidad estándar y otro en alta resolución, usa tu equipo habitual y escucha en el entorno donde normalmente disfrutas de tu música.

Si realmente puedes notar una diferencia, felicidades, eres una especia de superhéroe con poderes sobrenaturales.

Pero si no puedes, quizás sea hora de aceptar que Hi-res, al menos tal como nos lo presentan hoy en día, no es necesario. Y que la verdadera clave para disfrutar de la música no está en las cifras, sino en la forma en que nos hace sentir.