El poder de las ideas y sus ingredientes
1 de abril de 2015
Subestimamos el poder de las ideas
A mí me han hablado del poder de las ideas desde pequeñito. Muchos me hablaban de ello y muchos han señalado que tengo inventiva para eso.
Es cierto, la tengo. Es lo que llevo haciendo desde el colegio: tener muchas ideas. Me encanta ver cómo nacen y cómo empiezo a perfilarlas hasta que toman forma.
Pero sinceramente… no considero que las ideas de por sí sean un tesoro, al menos no un tesoro neto.
El poder de las ideas aparece cuando le añadimos un ingrediente secreto: la ejecución.
Las ideas no son nada sin una buena ejecución.
Los españoles somos de ideas
Todo el mundo tiene ideas (bueno, hay algunos que ni eso). Es posible que en otros países no, pero lo cierto es que en España somos mucho de ideas.
Nos encanta pensar en cosas, fantasear con ellas. Es muy típico que durante la semana tengamos un problema, pensemos una solución y lo comentemos con conocidos en el bar durante el fin de semana.
Entonces nos damos cuenta de que no somos los únicos que tenemos ese problema, sino que es algo compartido por muchas más personas. Y si nos pusiéramos a resolver los de todos, tendríamos una fuente de ingresos casi inagotable y podríamos trabajar en algo que fuese nuestra verdadera pasión.
Pero luego llega el lunes y se nos pasan las ganas de hacer nada.
Imagínate: pensar en un modelo de negocio, abandonar la zona de confort, pensar en un plan B, dejar nuestro trabajo, vivir en la incertidumbre… Uff, demasiadas variables para alguien acostumbrado a la previsibilidad de lo tradicional.
Es ahí cuando se ve mermado el poder de las ideas.
La idea era buena. Lo que ha fallado ha sido la ejecución. No había ejecución.
Las ideas serán el petróleo de un futuro cercano
Casi todas las ideas que tenemos suelen surgir de algún problema. Todos tenemos problemas o hemos visto en la calle algún problema que resolver.
Lo bonito de esta nueva época que vemos venir es que percibiremos ingresos en función del número de problemas que sepamos resolver y de a cuántas personas afecten esos problemas.
Considero que esto es una gran noticia.
Es el fin de la tarifa plana.
Es el fin de la venta del trabajador a peso.
Es el comienzo de una era donde cada persona cobrará por lo que vale realmente, por el valor que aporte a la sociedad, aunque ese valor sea real o percibido.
Es cierto que hay muchas ideas buenas, pero casi todas quedan en nada. Se quedan en una servilleta que termina en la basura.
Auténticas fuentes de ingreso millonarias en potencia se van por el retrete cada día, cada vez que un español decide no poner en marcha su sueño y vuelve a su trabajo rutinario.
Me sobran las ideas
Parece un título atrevido, parece que voy de sobrado —nunca mejor dicho—, pero en realidad a veces lo siento más como una dolencia.
Padezco lo contrario que todos esos españoles que abandonan sus ideas: soy demasiado curioso. Me gusta ver cómo están hechas las cosas y quiero poner en marcha mil asuntos a la vez, mil proyectos.
Es una energía que crece imparable dentro de mí.
Cuando descubro un nuevo modo de hacer las cosas, una solución para algo en concreto, me vuelvo loco. No puedo dejar de pensar en eso y se me pasan las horas y los días hasta que termino de perfilar cada detalle de mi nuevo plan.
Creo que mi trabajo perfecto sería el de “ideador”: ven con tu problema y yo idearé una nueva metodología para resolverlo que sea completamente diferente a todo lo que has hecho hasta ahora.
Después despierto de ese sueño y me doy cuenta de que esa nueva idea de negocio no forma parte de mi proyecto principal. No debo permitir que nada, ni tan siquiera una buena idea de negocio, me aleje del foco, de mi verdadero proyecto.
La razón es obvia: mientras esté dedicando mi tiempo o mi energía a cualquier otra cosa, no se la estaré dedicando a mi proyecto principal. Y entonces ya no seré “mi proyecto”, seré otra cosa.
Porque aunque no nos guste, en términos prácticos, somos lo que hacemos.
Por ello lo que quiero hacer es mi proyecto.
Compartir: el otro ingrediente del poder de las ideas
Para no hacer como la mayoría de las personas, que abandonan sus proyectos en potencia en una servilleta, yo quiero hacer algo distinto:
Quiero regalar todas las ideas que se me ocurran y que no sean directamente útiles para mi proyecto central.
Y por eso he creado una nueva categoría en el blog, donde iré comentando cada una de estas nuevas ideas, esperando que le sean útiles a alguien, esperando que alguien encuentre en ellas la inspiración para hacer su propia fuente de ingresos.
El poder de las ideas puede ser el mayor de todos en el planeta.
Solo que es necesario un ingrediente secreto: ejecutarlas.
Y si no puedes ejecutarlas, compártelas… ese es el otro gran ingrediente del poder de las ideas.
Yo te regalo las mías.