Escritor, a tu escritura

13 de enero de 2016

Cuando un escritor tiene que leer

Nunca he entendido esa manía de que un escritor lea sus propios textos, ya sea en público o grabándolos en un estudio. Es más, tampoco entiendo esos eventos en los que un autor sale a leer sus versos delante del público. A mí siempre me ha molestado leer en público, aunque no delante de un micrófono.

El hecho de que un escritor sea capaz de escribir (y hacerlo bien, me refiero) no significa que sea capaz de leerlo igual de bien. Pero nos empeñamos igualmente. Creemos que una persona que sabe comunicar de una determinada manera, por la fuerza debe saber hacerlo de otras. Un conferenciante no tiene por qué ser cantante, y un escritor no tiene por qué ser locutor.

Un ejemplo

En este archivo podemos escuchar a Juan Ramón Jiménez recitar sus propios textos. Es un icono de la literatura española, pero no podríamos decir lo mismo de su manera de recitar. Sus capacidades de locución no tienen nada que ver con su lenguaje poético.

El hecho de que él mismo lea sus propios textos puede tener un valor histórico, porque su voz ha quedado registrada para la posteridad. Pero desde el punto de vista de la locución es algo muy mejorable, porque él mismo está desvirtuando con su declamación una verdadera obra maestra. Tal vez hubiera sido mejor una entrevista y después dejar que un locutor profesional leyera sus textos.

Insisto: entiendo el valor histórico que pueda tener que un autor de renombre lea su propia obra, pero no por eso hará que la locución sea mejor.

Escritor, a tu escritura

Hay personas que sirven para escribir, otras para locutar y otras para entrevistar. Cada uno tiene su rol y aporta valor al mundo de diferentes maneras.

No obliguemos a un escritor a hacer una cosa que no sabe hacer porque, por muy romántico que parezca, en realidad está quitando la oportunidad de que su obra brille en todo su esplendor en formato sonoro.

Dejemos que los locutores profesionales den vida a las palabras de los escritores.