Muzak, la música que no quiere ser escuchada
14 de septiembre de 2022
El origen de una música invisible
La primera vez que escuchamos la palabra Muzak no pensamos en una sinfonía ni en un concierto. Pensamos en esa música de fondo que flota en un ascensor, en un vestíbulo de hotel o en una sala de espera. Una música que parece estar ahí para no ser escuchada.
Su origen se remonta a 1934, cuando una empresa norteamericana llamada Wired Radio decidió rebautizarse como Muzak. Su fundador, inspirado por el nombre de Kodak, unió la palabra música con la sílaba final de la marca fotográfica. Aquella compañía empezó distribuyendo música a través del cableado eléctrico, pero pronto comprendió que su negocio no estaba en competir con la radio, sino en inventar otra cosa: música de fondo para hoteles, restaurantes, fábricas.
Música para no molestar
Lo que ofrecían no era jazz, ni swing, ni música clásica. Era algo mucho más ligero, instrumental, limpio, sin sobresaltos. Una música cuidadosamente diseñada para no reclamar nuestra atención. Una música que se situaba en segundo plano, sin exigir nada al oyente. De ahí nació su fama de música de ascensor: melodías agradables, neutras, pensadas para calmar a los pasajeros que subían a los rascacielos por primera vez. La suavidad del hilo musical servía de tranquilizante, como si una melodía pudiera sostener la jaula metálica que ascendía por los aires.
Estímulos programados
A medida que pasaban los años, la empresa fue expandiéndose. Las melodías de Muzak se infiltraron en consultas médicas, peluquerías, centros comerciales. Incluso en fábricas, con un concepto que llamaron Stimulus Progression: bloques de música de quince minutos con una intensidad creciente, seguidos de quince minutos de silencio. La idea era aumentar la productividad de los trabajadores y el consumo de los clientes. Una música programada al milímetro, diseñada en laboratorio, sin autor conocido, sin expresión humana reconocible.
El objetivo no era emocionar, sino moldear. La competencia de Muzak no eran otras discográficas. Era el silencio.
El salto a la era digital
Con la llegada de los sintetizadores y de la música electrónica, el concepto se amplió. La frialdad de los sonidos generados por ordenador encajaba perfectamente con esa idea de neutralidad. El término Muzak empezó a usarse de forma genérica para señalar cualquier música de fondo, ya fuese en vídeos corporativos, documentales educativos o incluso en videojuegos.
Pensemos en Los Sims, con sus melodías amables y eternas que parecen sacadas de un centro comercial de los años cincuenta: eso también es Muzak. Una música que no interfiere, que ambienta sin invadir, que crea una atmósfera uniforme.
El rechazo y la transformación
No todos aceptaron esta música sin alma. Hubo músicos que la repudiaron abiertamente. El guitarrista Ted Nugent llegó a ofrecer diez millones de dólares para comprar la empresa y cerrarla, convencido de que era una fuerza dañina. Otros, como Brian Eno, decidieron darle la vuelta. Con su Music for Airports en 1978, creó lo que llamó ambient: una música que puede sonar en segundo plano, pero que también puede ser escuchada con plena atención. Una música tan ignorable como interesante.
En realidad, un eco de lo que ya había intuido Erik Satie a principios del siglo XX con su musique d’ameublement: melodías pensadas para llenar el espacio cotidiano, para convivir con el ruido de los cubiertos o el murmullo de una sala.
Vaporwave y la nostalgia del consumo
Con internet y la cultura postmoderna, el concepto volvió a renacer. El vaporwave tomó el Muzak como materia prima y lo distorsionó: reverbs profundas, ecos interminables, atmósferas nebulosas que evocaban centros comerciales de los años ochenta y noventa. Una estética entre la nostalgia y la crítica, donde el consumo masivo y la música de fondo se mezclaban en un mismo paisaje sonoro.
El silencio como lujo
Hoy vivimos rodeados de estímulos. En el metro, en el supermercado, en cualquier vídeo de YouTube. Hemos aprendido a vivir con una banda sonora constante, hasta el punto de que un espacio sin música nos parece vacío, cerrado, casi hostil. El silencio se ha vuelto raro, incómodo, precioso.
Muzak nació para tapar ese silencio. Y quizá lo más inquietante de todo es que lo consiguió.