No entiendo la radiofórmula en España

9 de enero de 2016

La quiero, pero no la entiendo

Para mí la radio ha sido el amor profesional de mi vida, quizá el primer amor. He hecho muchas cosas por ella. Soy un hombre de radio y la defenderé hasta el fin de mis días… pero cada vez la entiendo menos. Quizá lo que no entiendo sea hacia dónde están llevando la radio española. Quizá sea eso.

De radiofórmula a hilo musical

Si las radios convencionales en España tienen cada día peores comunicadores (con excepciones geniales que sigo escuchando con gusto), con la radiofórmula ocurre algo parecido. Poco a poco, se ha transformado hasta volverse un medio inútil, sin contenido ni entretenimiento real.

La época dorada de la radiofórmula

Recuerdo las radiofórmulas de los años noventa, donde además de música había programas y shows que nos hacían reír y nos aportaban información.

Fan Club

En Fan Club, de Los 40 Principales, después de horas de superéxitos, podíamos obtener información de nuestros artistas favoritos. En un mundo sin globalización y sin internet, la radio cumplía una función insustituible.

It’s Your Time

En It’s Your Time, de Onda Diez, parte del Dream Team —los DJs más cotizados de nuestro país y ligados a Max Music— ofrecían en primicia los mejores éxitos para la pista de baile. La radio nos daba lo que no podíamos encontrar en otro sitio. Ese show sigue vivo en la red.

La radiofórmula en el presente

Pero llegó la globalización. Hoy tenemos servicios que sustituyen a la radio en casi todo:

Podría decirse que la radio convencional aún tiene un lugar propio. Estoy de acuerdo. Pero no hablo de la radio convencional, sino de la radiofórmula.

Por supuesto, siguen existiendo programas y shows dentro de las cadenas de radiofórmula. Pero son muchos menos y, en mi opinión, de menor calidad.

La adaptación pendiente ante las TIC

La radiofórmula debería haber evolucionado, haber cambiado de formato para seguir siendo imprescindible a pesar del desarrollo de las TIC. La radio tiene una función vital y una obligación con la sociedad que no puede incumplir.

Sin embargo, las grandes empresas que controlan las marcas de radiofórmula han reducido a cenizas lo que un día fue imprescindible. Sus juntas directivas, que no saben lo que es la radio, han jugado a favor de las TIC, destruyendo su esencia de utilidad y entretenimiento.

Hemos pasado de grandes shows con grandes personalidades a un simple hilo musical de baja calidad, donde se repiten las mismas treinta canciones cada día, casi a la misma hora.

Un panorama triste

Algunos creen que me alegro del fracaso de la radio española en adaptarse a los nuevos tiempos. Pero la realidad es que me entristece. Uno de mis primeros trabajos fue como locutor de radiofórmula. Viví intensamente las listas de éxitos, las noticias de los cantantes, los sorteos de entradas para conciertos. Era divertido, era fascinante… era radio.

Siempre escucho que la radio es antigua. No es verdad: la hacen antigua.

La radiofórmula ha de cambiar. Ya.