¿Para qué sirve una tablet?

7 de octubre de 2011

Muchos periodistas del sector de la tecnología vienen arrasando con sus quejas acerca de las nuevas tendencias tecnológicas por las que se está llevando al consumidor. Hablan de artefactos imprescindibles en nuestra vida: primero fue el teléfono móvil, después el ordenador en casa, el portátil, el netbook y ahora las tablets.

Muchos dicen que es un “invento” de las firmas para crear una necesidad más. Pero la realidad es que esta evolución, aunque nos encontramos en los primeros pasos, es una de las más significativas.

Es muy posible que, por una vez en diez años, nos encontremos ante un salto cualitativo y no cuantitativo, como ha sido últimamente. Ahora no se trata de algo más grande, con más potencia, con más capacidad. Por una vez se está hablando de otros conceptos: menor coste, absoluta conectividad, fácil portabilidad y una obsolescencia retardada.

Todo ello puede hacernos entender que estemos en vísperas de un punto de inflexión importante en la tecnología de consumo. Una lección de que con poco se puede hacer mucho.

De lo grande a lo mejor

Estamos experimentando un auge en el que las cosas, en vez de ser más grandes, comienzan a ser mejores.

Los procesadores han dejado de aumentar su velocidad a pasos agigantados desde hace unos años. Las pantallas ya han alcanzado todos los tamaños imaginables y ahora se centran en la resolución.

La tableta es la convergencia de todas estas vertientes, haciendo que un pequeño dispositivo nos permita realizar casi todas las cosas de nuestra vida digital, con una inversión, en el más extremo de los casos, inferior a los 500 euros.

Algo parecido estaba sucediendo con los teléfonos móviles, que desde hace algún tiempo han cambiado su tendencia de hacerlo más pequeño a hacerlo más útil, más conectado, más sociable e inteligente. Aunque ello suponga volver a deshacer el camino y aumentar de nuevo su tamaño hasta modelos comparables con los de principios de siglo.

Obviamente nada tienen que ver los modelos de antaño con los actuales, pero sin duda, a nivel material, el usuario se ha adaptado bien a la hora de portar consigo un dispositivo que supere los 100 gramos de peso.

La simplicidad como motor

Ahora los ordenadores empiezan a ser planos, sin teclado y con características técnicas muy inferiores en capacidad. Y, sin embargo, podemos hacer lo mismo que hacíamos antes, pero con menos peso, menos mantenimiento y menos problemas.

Hace unos años, algunas encuestas apuntaban a que, por lo general, solo se usaba el 17 % de las capacidades de nuestras máquinas, lo que suponía bastante absurda una inversión en las gamas altas.

Está claro que los grandes ordenadores no desaparecerán —quedan los servidores y operadores de grandes proporciones de datos para aplicaciones industriales o militares—, pero los últimos informes de ventas de los principales fabricantes de este producto, que apenas lleva un año en el mercado, dan a entender que se marcará una diferencia cada vez mayor entre los dispositivos domésticos (sencillos, intuitivos y sin botones) y los requeridos para otras funciones más complejas (bien equipados y pensados para funcionar a largo plazo).

Una oportunidad, no un invento

Muchos periodistas han querido decir que la tablet es un invento para dar continuidad a un mercado consumista, pero en realidad una tableta sirve para crear una versión mejorada de nuestras costumbres informativas, sociales y tecnológicas.

Arrancan más rápido, operan de manera más intuitiva, cubren mejor nuestras necesidades, son más fáciles de manejar. He visto a personas de 70 años manejando un iPad con comodidad.

Las tabletas, más que un invento consumista, se pueden convertir en una oportunidad.

El tiempo lo dirá