Por qué no había graves en los años 70

14 de mayo de 2017

Crecí escuchando la música de los 80 y de los 90. Me fascinaba el control sobre los graves, cómo se podían crear líneas profundas que no solo se oían, sino que se sentían. Esa vibración física que parecía expandirse más allá del altavoz.

En los 2000, la guerra del volumen lo estropeó un poco: canciones más comprimidas, menos rango dinámico. Pero incluso entonces los graves seguían ahí, presentes y con matices.

Sin embargo, si miramos hacia atrás, hay una década que me sorprende especialmente por su ausencia de graves: los años 70.

Los 50 y los 60 tenían sus limitaciones técnicas, pero aún así escuchamos grabaciones con un bajo moderado, justificado por su época, y que funcionaban bien. Pero en los 70, con toda la tecnología a favor, con válvulas, mesas analógicas y un arsenal de estudio que hoy consideramos mítico… la mayoría de discos carecen de graves.

¿Por qué? Vamos a ver algunas razones.

1. El vinilo y la geometría del surco

Vamos a ponernos un poco técnicos, pero de forma sencilla. En los años 70, el principal medio de reproducción de música eran los discos de vinilo. Eran discos de un material plástico donde se grababan una especie de surcos diminutos. Una aguja muy sensible recorría esos surcos y, al hacerlo, generaba el sonido de la música grabada.

El problema era el siguiente: los sonidos agudos (como un platillo o un violín en sus notas altas) no necesitaban mucho espacio en el surco. Bastaba con pequeñas ondulaciones muy juntas. Los sonidos medios ocupaban algo más, pero el verdadero desafío llegaba con los graves. Para que la aguja pudiera leer un grave potente, el surco debía ser mucho más ancho. Eso significaba que en un mismo disco cabía menos música.

Un LP de 12 pulgadas podía albergar unos 15 o 20 minutos por cara. Pero si las canciones tenían demasiados graves, ese tiempo se reducía drásticamente, incluso a 10 minutos. Y a las discográficas no les interesaba: querían meter hasta 10 canciones en un álbum. La solución fue contener los graves, reducirlos en la mezcla y en el corte, para que todo pudiera caber.

2. Graves “más al centro”

Había otro detalle curioso. Si en una canción los graves estaban muy abiertos en estéreo —es decir, que sonaban de un lado al otro de los auriculares o altavoces—, el surco del vinilo podía volverse demasiado irregular y la aguja saltaba con facilidad. Para evitarlo, los ingenieros aplicaban un truco: colocaban la mayor parte de los graves en el centro.

Eso no significaba que desaparecieran, sino que los “apretaban” hacia un único canal central, donde eran más estables y fáciles de reproducir. Así todo funcionaba mejor: los discos no daban problemas y las agujas no se salían del surco.

Experimento sencillo: escucha una edición original de vinilo de los 70 y compárala con su reedición digital. A menudo la reedición suena con un balance de graves más generoso, porque ya no depende de la aguja ni del espacio físico en el surco.

3. La radio y sus limitaciones

En los años 70, gran parte de la música se escuchaba por la radio. Y la radio, aunque nos parecía mágica, tenía muchas limitaciones. La señal de AM, por ejemplo, recortaba buena parte de las frecuencias, como si te dieran una versión reducida del sonido original. La FM sonaba bastante mejor, pero también aplicaba ciertos filtros para que la transmisión fuera más estable.

Todo esto no hacía que los graves desaparecieran por completo, pero sí empujaba a los ingenieros a mezclar la música de forma más “moderada”. Tenían que asegurarse de que las canciones sonaran bien tanto en la radio del coche como en un pequeño transistor de cocina.

4. Los altavoces de la época

En los años 70, la mayoría de la gente escuchaba música en casa con altavoces pequeños. Aquellas cajas no bajaban mucho en graves: podían sonar bien en medios y agudos, pero la parte más profunda del sonido simplemente no estaba ahí.

Muchos amplificadores domésticos incluían un botón Loudness para compensar esa menor sensibilidad a los graves y agudos a bajo volumen. Este "maquillaje" hacía que la ausencia de graves fuera más llevadera.

Y en los estudios pasaba algo parecido. Muchos ingenieros mezclaban con monitores muy populares como los Yamaha NS-10 o las Auratone. Eran perfectos para escuchar con claridad las voces y las guitarras, pero no mostraban el “subgrave” real. Así que los técnicos, al no oír esas frecuencias, no podían arriesgarse a ponerlas demasiado fuertes en la mezcla.

5. Estética y decisiones de mezcla

El rock y el pop setenteros priorizaban la claridad en los medios: guitarras, voces, baterías. El bajo estaba presente, pero no había subgrave. Era un low-end seco, pensado para traducir en radios, tocadiscos modestos y televisores.

4. Lo que cambió en los 80 (y explotó en los 90)

a) El CD

En 1982 llega el Compact Disc. 44,1 kHz y 16 bits. Más rango dinámico, sin limitaciones de surco ni problemas de aguja. Libertad para empujar el subgrave.

b) Nuevas máquinas

La Roland TR-808 (1980) inauguró una era de bombos sintéticos y bajos profundos. El pop, el hip hop y la música de baile de los 80 no habrían sonado igual sin ella.

c) Subwoofers

En los 80 y 90 se normalizó el subwoofer, primero en car-audio y clubes, luego en cine en casa. Si hay altavoces que reproducen 40 Hz o menos, los productores llenan ese espacio.

d) La guerra del volumen

En los 90 la compresión dinámica se disparó. Eso no crea graves mágicamente, pero al empujar todo el espectro, el low-end se volvía más presente.

Epílogo

Los 70 fueron una década brillante en creatividad y estilos, pero sus discos, comparados con los de épocas posteriores, suenan contenidos en graves. Fue una mezcla de limitaciones técnicas, sistemas de escucha y estética cultural.

El resultado es una paradoja: discos icónicos, atemporales, que sin embargo dejan un hueco en las frecuencias bajas. Un hueco que los 80 y 90 llenaron con furia.