Sobre la inteligencia creativa y los que hemos nacido con ella
12 de abril de 2023
Aquel lejano mundo en el que solo había un tipo de inteligencia
Recuerdo que cuando iba al colegio solo existía un tipo de inteligencia. No es que fuera un mundo binario de listos y tontos, pero ya en esos tiempos se hablaba de coeficiente intelectual. Se hablaba de una única inteligencia que podía medirse de manera objetiva y matemática. Una inteligencia expresada en cifras. Y esa cifra, fuera cual fuera la que te hubiera tocado al nacer, era inamovible, para siempre.
La verdad es que nunca llegué a hacer un test de coeficiente de inteligencia. De hecho, una vez quise hacerlo en el instituto, pero la orientadora, pensando que basaría mi autoestima en los resultados, me negó la oportunidad. En realidad, lo que yo quería comprobar era otra cosa. Nunca lo hice, pero ya os advierto algo: soy malísimo con esos enrevesados ejercicios de lógica. Precisamente porque sabía que se me daban fatal, pero al mismo tiempo tenía una capacidad por encima de la media para imaginar cosas, quería hacer ese maldito test. Quería confirmar lo que intuía: que las cifras no explicaban todo.
Comprender que hay varios tipos de inteligencia
Luego, con el tiempo, ya lejos del instituto y de la enseñanza tradicional, descubrí otra realidad. Pude comprender que existen varios tipos de inteligencia y que esa de la que tanto se habla cuando una persona es superdotada... no es tan importante.
Lo mío es la inteligencia creativa. Es lo que soy. Y del mismo modo que con la otra, es con lo que he nacido. Para nada condiciona mi vida, pero es bueno saber lo que se te da bien para potenciarlo. Entender que lo mío no eran los números ni los acertijos, sino la capacidad de imaginar y crear, me dio una claridad que nunca tuve en las aulas.
La inteligencia creativa no sirve para creerse un genio
Tener desarrollada una inteligencia creativa —y que incluso lo demuestren unos tests— no es, ni mucho menos, una garantía de ser un genio en potencia. De hecho, las características que se han identificado en los estudios reflejan más bien la creatividad de las personas ordinarias que la de los genios creativos.
Dichas características son demasiado dispares como para que una sola persona aspire a adoptar todas. Pero una o dos de las más importantes pueden ejercer una enorme influencia en la producción creativa de cualquier individuo. Y eso ya cambia las cosas.
Los estudios recientes, además, se han concentrado más en las particularidades específicas del proceso de pensamiento creativo que en la personalidad del individuo. Ahí es donde está mi interés. No en ser catalogado como “creativo” por un test, sino en entender cómo funciona ese proceso que me empuja a ver el mundo de forma distinta.
Epílogo
Hoy sé que no importaba tanto aquel test que nunca hice. Lo que importaba era aceptar que hay muchas formas de inteligencia, y que la mía, la creativa, tiene tanto valor como cualquier otra. No me hace un genio, ni me convierte en alguien especial. Pero me define. Y, sobre todo, me recuerda cada día que la imaginación es también una forma de conocimiento.